Experimentar determinadas emociones, no es malo, al contrario, puede ayudarnos a avanzar, a cambiar aquello que no nos gusta. Pero cuando estas emociones aparecen y no sabemos gestionarlas de un modo constructivo, pueden llegar a controlarnos y provocar conductas no deseadas para los que nos rodean y para nosotros mismos.

Hoy hemos trabajado una de las emociones menos agradables como es el enfado,  una emoción natural que sentimos todos.  

Un enfado no resuelto suele conducir a la ira.

Por ello es fundamental proporcionarles a los niño/as una educación emocional, para que sean capaces de controlar sus emociones antes de que estas les controlen a ellos. Y ¿Cómo ayudamos a los niño/as a gestionar esta emoción? A través de distintas formas de expresión, como son la palabra, el dibujo, la música y el cuerpo.  Aprendiendo a establecer límites claros, defendiendo su posición, expresando nuestro disgusto y resolviendo los conflictos, sin amenazar la integridad y la autoestima de las otras personas involucradas.

Una sesión llena de aprendizajes tanto para los alumno/as, como para sus profesores y facilitadores del programa.